En qué tareas merece la pena usar la IA
Una reflexión sobre criterio profesional, tareas reales y por qué la mayoría improvisa dónde aplicar la IA
Hay una pregunta que aparece con mucha frecuencia cuando hablo con profesionales que ya están usando IA en su trabajo diario.
No es una pregunta técnica. No tiene que ver con modelos, herramientas ni novedades.
Es una pregunta mucho más básica, y a la vez más incómoda:
¿En qué tareas de mi día a día merece realmente la pena usar la IA?
Lo llamativo es que muchas personas que utilizan IA a diario no saben responderla con claridad. La usan, la prueban, la consultan… pero no tienen un mapa claro de para qué la están usando ni dónde aporta valor real.
Ahí empieza gran parte de la frustración actual.
¿Dónde aporta valor real la IA generativa de texto?
Durante meses se ha repetido la idea de que la IA generativa sirve para casi todo. Y no es verdad. No todas las tareas se benefician igual de ella, ni su eficacia es comparable en todos los contextos.
En algunas tareas ayuda mucho; en otras, apenas aporta; y en algunas, directamente introduce más ruido que valor.
El problema es que rara vez se hace esta distinción con calma.
Se habla mucho de capacidades, de casos llamativos y de posibilidades teóricas, pero muy poco del encaje real con el trabajo cotidiano de un profesional. Y cuando no hay ese encaje claro, el uso de la IA se vuelve errático.
Muchos profesionales empiezan siempre por el mismo sitio: abren la herramienta y se preguntan “¿qué podría hacer con esto?”. Esa pregunta genera experimentación, curiosidad y pruebas sueltas. Pero no genera integración.
El trabajo real no empieza por la herramienta. Empieza por las tareas.
Emails, análisis, informes, reuniones, decisiones, documentación, planificación. La IA solo tiene sentido cuando se integra de forma clara en algo que ya haces de manera recurrente. Si no, se convierte en una distracción más.
¿La IA es igual de efectiva en todas las tareas?
Otro punto poco hablado es que la IA generativa no aporta el mismo valor en todas las tareas.
Funciona especialmente bien cuando hay patrones claros, cuando el criterio puede explicitarse, cuando el resultado es repetible y cuando existe cierta estructura, aunque sea implícita.
Funciona peor cuando la tarea es puramente intuitiva, depende de información no disponible o exige un juicio humano que no es delegable.
Sin embargo, casi nadie se detiene a hacer este análisis aplicado a su propio trabajo. Sin ese ejercicio previo, todo se convierte en ensayo y error.
Por eso el problema de fondo no es “saber usar IA”. Es saber dónde usarla. Y ahí es donde veo más confusión.
La mayoría de profesionales no sabe identificar, dentro de su propio día a día, qué tareas podrían mejorar de verdad con IA.
No porque no tengan criterio, sino porque nunca han abordado esta pregunta de forma estructurada. La usan cuando se acuerdan, cuando encaja, cuando “parece que podría ayudar”.
Eso no es integración. Es improvisación.
Y la improvisación tiene consecuencias claras: resultados irregulares y desgaste mental. La sensación constante de que la IA podría ayudar más, pero sin saber muy bien cómo ni dónde.
¿En qué partes concretas de mi trabajo puede ayudarme la IA?
La pregunta útil no es “¿qué puede hacer la IA?”. La pregunta útil es otra: ¿en qué partes concretas de mi trabajo estoy repitiendo esfuerzo mental que podría estructurarse mejor? Ahí es donde la IA empieza a tener sentido como apoyo estable, no como experimento puntual.
Después de ver este patrón repetirse una y otra vez, decidí crear un sistema muy sencillo para abordar justo este punto. No una lista genérica de usos, ni un catálogo de trucos, sino un recorrido guiado que parte de tu rol profesional y de tus tareas reales.
A través de 7 preguntas, centradas en tu trabajo (no en la IA), el sistema te devuelve 25 ideas concretas de dónde la IA puede ayudarte dentro de tu propio flujo de trabajo.
No son ideas inspiracionales ni ejemplos abstractos, sino oportunidades aplicables según lo que haces cada día.
El objetivo no es usar más IA, ni forzarla en todas partes. Es usarla donde tiene sentido: donde reduce carga mental, aporta consistencia y evita repetir esfuerzo innecesario.
Cuando sabes en qué tareas aporta valor, la IA deja de ser una distracción constante y empieza a integrarse como parte del sistema de trabajo. Y ese cambio no tiene que ver con potencia ni con saber más. Tiene que ver con claridad y criterio.
Si sientes que usas IA pero no tienes claro en qué tareas te ayuda de verdad, este sistema está pensado precisamente para eso: para dejar de improvisar por el punto más básico, que es saber dónde empezar.
Puedes verlo aquí, con calma: PRIMER PASO
No es aprender más IA. Es entender mejor tu trabajo.



