La IA no falla: falla cómo le hablas
La diferencia entre respuestas genéricas y resultados útiles no está en la IA, sino en cómo le pides las cosas.
Hay una idea que se repite cada vez que alguien se frustra con la IA: “da respuestas muy genéricas”.
Y casi siempre la frase se queda ahí. Como si el problema fuera la herramienta. Como si la IA tuviera días buenos y días malos.
La realidad es otra.
La diferencia entre una respuesta mediocre y una realmente útil no suele estar en el modelo, ni en la versión, ni en el momento del día. Está en cómo le hablas. O mejor dicho, en cómo piensas antes de hablarle.
La IA no interpreta intenciones vagas. Las rellena. Y cuando rellena, generaliza.
Pedir “hazme un resumen”, “ayúdame con esto” o “dame ideas” no es pedir mal por falta de técnica. Es pedir sin haber decidido nada. Sin foco. Sin criterio previo. Y eso, en cualquier conversación profesional, suele acabar en malentendidos.
Con la IA ocurre lo mismo, solo que a gran velocidad.
Por eso hay personas que usan exactamente la misma herramienta y obtienen resultados radicalmente distintos. No porque sepan más comandos, sino porque entran a la conversación con una intención más clara.
Han hecho el trabajo mental antes.
La forma de pedir
Aquí aparece una confusión habitual: pensar que “pedir bien” es escribir prompts más largos o más sofisticados. No lo es. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario. Cuando sabes lo que necesitas, la instrucción se vuelve más simple.
El problema es que ese paso previo no se ve. No se enseña. No es espectacular. Y por eso se ignora.
En los últimos 3 años he visto a muchos profesionales chocar con el mismo límite. Usan IA todos los días. Ahorran tiempo. Pero sienten que siempre se quedan en la superficie. Como si la herramienta prometiera más de lo que entrega.
De eso trata, en el fondo, el libro El poder del prompt
No de aprender frases mágicas ni truquitos random, sino de entender que conversar con una IA es una habilidad intelectual nueva. Y que, como cualquier habilidad, empieza por pensar mejor.
El prompt no es el texto que escribes. Es la forma en la que ordenas tu pensamiento para que la IA pueda trabajar contigo, no por ti.
Cuando eso se hace bien, la conversación cambia. Dejas de recibir respuestas genéricas y empiezas a obtener resultados alineados con tu contexto real.
Por eso, el libro parte desde cero, incluso para quienes ya usan ChatGPT u otras IAs generativas a diario.
No asume que el problema sea técnico. Asume que nadie nos ha enseñado a formular bien lo que queremos cuando pensamos en voz alta delante de una máquina.
La IA no sustituye criterio. Lo expone. No corrige el desorden. Lo amplifica.
Cuando entiendes esto, deja de tener sentido culpar a la herramienta. Y empieza a tener sentido trabajar tu forma de pedir.
Pedir con intención
Ese cambio de enfoque, de la herramienta al pensamiento, es el que marca la diferencia a largo plazo. Es lo que convierte la IA en una aliada real y no en un generador constante de “más o menos”.
Si algo merece la pena dominar en esta etapa de la IA no es una herramienta concreta, ni una moda pasajera.
Es la capacidad de dirigir una conversación con claridad.
Porque al final, la IA no responde a lo que quieres. Responde a lo que le sabes decir.
Ahora mismo El poder del prompt está a un precio ridículamente bajo. No porque quiera “aprovechar el momento”, sino porque mi objetivo con este libro no es ganar dinero.
Es condensar tres años de trabajo real: diseñando, probando, fallando, editando y afinando instrucciones en modelos de lenguaje, para que miles de profesionales no tengan que empezar desde cero ni improvisar como hice yo al principio.
Si ya usas IA y sientes que podría darte mucho más, este libro te dará criterio.
Ciao.
JL




Estuve dudando meses entre: prompt para todo, o solo para algunas tareas. Ahora me he reconciliado con ChatGPT (tras refugiarme en Claude y Gemini), activando directamente su modo thinking, y usando un lenguaje natural, y siempre con criterio, como comentas